miércoles, 24 de enero de 2018

Perdidos casi 40 millones de dólares cada día por ineptitud en Pemex


La ineptitud administrativa  y operativa del gobierno de Enrique Peña Nieto ha llevado a que el gobierno  mexicano pierda  39 millones 944 mil 840 dólares  cada día, a causa sólo de la debacle en la producción de petróleo durante los cinco años de este sexenio. Este dato no considera la disminución de los precios internacionales del petróleo sino, únicamente, la incapacidad técnica, no ya para aumentar la producción petrolera sino siquiera para mantenerla con los mismos volúmenes que se producían cuando EPN se hizo cargo de la presidencia en 2012.



Cuando el esposo de La  Gaviota asumió la presidencia de la República,  Pémex producía  2.548 millones de barriles  de petróleo, diariamente. Durante 2017,  después de aprobada la Reforma Energética promovida por el beneficiario de la Casa Blanca, la producción diaria de petróleo se desplomó hasta 1.872 millones de barriles, perdiéndose, por tanto, 676 mil barriles  de petróleo, cada día. Si multiplicamos esos 676 mil barriles por los  59.09 dólares que hoy es el precio de cada barril, tenemos que hoy se pierden 39 millones 944 mil 840 dólares cada día. Los datos de la producción petrolera diaria  es la que  hoy se ofrece oficialmente  para su consulta pública en el siguiente sito oficial: PEMEX

 Pero no sólo se ha perdido producción de petróleo crudo. Se ha perdido también, cada día, una producción de gas  de 1,554 millones de pies cúbicos. Cuando nuestro presidente bilingüe se sentó en la silla presidencial, en 2012, se producían 6,385 millones de pies cúbicos de gas, al finalizar 2017 se producían, ya, sólo 4,826 millones de pies cúbicos diarios, como puede corroborarse en el sitio de Pémex que ya compartimos. ¿Cuánto daño se podrá hacer aún a la industria petrolera nacional y al país  en el último año de gobierno de este presidente inútil y corrupto?

lunes, 22 de enero de 2018

El fracking en las cuencas de Burgos y de Eagle Ford y la Nueva Ley de Aguas




En el propósito de tener una Nueva Ley de Aguas nada es más urgente que dar satisfacción a los requerimientos de agua de la explotación petrolera mediante el fracking en la Cuenca de Burgos, para empezar.

La petrolífera Cuenca de Burgos se extiende por el norte de los estados de Tamaulipas , Nuevo Leon y Coahuila, región árida y sedienta. Es la región que colinda con la cuenca petrolera norteamericana llamada Eagle Ford, en el estado de Texas. En esta cuenca norteamericana, que se une con la Cuenca de Burgos, mexicana, en 2014 abrieron más de 4,700 pozos petroleros.

En esa región, justo en la frontera mexicana, ha proliferado la producción de hidrocaburos mediante el fracking. En la región mexicana que colinda con ella es en la que capitales extranjeros están interesados, de entrada, en invertir, asociados o solos, para producir petróleo con el procedimiento que, como adelante veremos, es rechazado por reconocidos sectores norteamericanos.

La nueva legislación mexicana sobre aguas pretende dar satisfacción inmediata a las enormes cantidades que de ella son demandadas en la producción de petróleo y gas por el procedimiento de fracturación hidráulica.

La ambición por el dinero ha enceguecido a nuestras autoridades y legisladores y colocan en primer plano la producción de hidrocarburos mediante un procedimiento altamente riesgoso, y en un segundo plano sitúan la disponibilidad del agua para consumo humano.

Por otro lado, están -amenazantes también- los problemas de la contaminación de las cuencas hidrológicas, los derrames y la dispersión de los componentes químicos que -junto con el agua y la arena- forman la mezcla por medio de la cual -a presión- se fracturan los suelos rocosos para permitir que el gas o petróleo alcance las bocas de los pozos. La arena es para evitar que de nuevo se cierren las fracturas por donde se conducirán los hidrocarburos.

Si hay productores de petróleo que han trabajado con la fracturación hidráulica para la producción de hidrocarburos, esos son los norteamericanos del Estado de Nueva York. Desde 2008 diversas localidades neo-yorkinas han declarado moratorias para los trabajos del fracking, considerando que este procedimiento productivo requiere de mayores investigaciones para que pueda permitirse su operación.

Productores de petróleo han interpuesto procedimientos legales para eludir las moratorias que han recaído sobre sus actividades empresariales, y no han faltado quienes amenacen con incorporar sus localidades al estado vecino de Penssylvania , en el cual si se han admitido trabajos con el fracking.

De cualquier modo, en diciembre de 2014, finalmente, Andrew Cuomo, gobernador del estado de Nueva York, decretó la prohibición de los trabajos petrolíferos bajo la técnica de la fracturación hidráulica.

Ni siquiera la amenaza de una posible separación del estado de algunas comunidades neo yorkinas como Delaware y otras de los condados de Tioga y Sullivan hicieron retroceder a Andrew Cuomo de su decisión de mantener vigente su prohibición al fracking.

Mientras norteamericanos que ya han trabajado con el procedimiento de fracturación hidráulica son renuentes a permitir que se arriesgue la seguridad ambiental y la sanidad de sus aguas subterráneas, en México no solo se planean sus trabajos sino que se pretende modificar las leyes para que las aguas nacionales puedan ser trasladadas de una cuenca a otra para dar satisfacción a la tremenda demanda de agua que genera el fracking.



Pero hoy, una nueva amenaza acecha al agua mexicana.  La muy oscura, e igualmente poderosa empresa norteamericana Black Rock transportará gas de Estados Unidos a México. Esta empresa, de altísimos vuelos, cuya actividad bancaria ha estado reservada solo para el servicio de los más grandes negocios financieros del mundo, es propiedad del oscuro y enigmático  Larry Fink, quien maneja los recursos financieros de Donald Trump, según declaró al inicio de su gestión este  presidente de mierda.

Ahora, Black Rock, desde Texas, específicamente desde la Cuenca Eagle Ford, junto a la Cuenca de Burgos, en el norte de México, está construyendo el gasoducto desde esa región norteamericana y transportarán su gas hasta nuestro territorio, gas y petróleo extraído mediante el tóxico procedimiento del fracking para el cual necesitan gigantescas cantidades de agua que  puede proveerles una reglamentación mexicana a su completo servicio. ¡Ya están aquí!

Crecen las exportaciones de las compañías extranjeras en México


El Gobierno mexicano informa que  las exportaciones “mexicanas”  de automóviles crecieron  en 334,336 unidades en 2017. En efecto, en el año recién terminado se exportaron 3,102,604 unidades en tanto que el año previo se exportaron 2,768,268.  Es un buen dato, sin duda. Sin embargo, nuestros funcionarios se cuidan de decir que las exportaciones de la industria automotriz mexicana son de compañías extranjeras con plantas en México que aprovechan los salarios bajísimos que pueden pagar en México  respecto a lo que en sus países están obligados a pagar. Las empresas que exportan desde México son General Motors, Ford, Toyota, Volkswagen, Honda, Chrysler y Fiat.

Esas compañías que aprovechan nuestros salarios raquíticos –ventaja comparativa, le llaman nuestros funcionarios- no solo continuaron operando normalmente a pesar de las amenazas de Donald Trump sino que, incluso, han aumentado notablemente la producción. En 2017 produjeron 3 millones 773 mil 569 autos, los que son 307 mil 954 más que los 3 millones 465 mil 615 producidos en 2016. ¡Negocios son negocios! Y en México se paga casi diez veces menos  de lo que esas compañías pagan en sus países de origen. En la industria terminal, por ejemplo, se paga en México, 3.14 dólares por hora mientras en Estados Unidos pagan 28.8 dólares. Pero hay ramas de la industria automotriz que la diferencia aún es mayor. No es por buen corazón, o por un espíritu altruista, que una buena parte del empresariado norteamericano le pide a Trump que Estados Unidos se mantenga dentro del Tratado de Libre Comercio.