domingo, 19 de junio de 2011

En el PRD de BCS, los Agúndez pueden más

El grupo político Los Cabos sigue siendo el que puede más dentro de las filas del perredismo sudcaliforniano. Después de dos años de no reunirse, el Comité Político del PRD sesionó y en él se mostró nuevamente, para beneplácito de Adrian Chávez y Jesús Zambrano, que en política el que manda a más es el que puede más.O más coloquialmente: el que paga, manda. Y el grupo Los Cabos manda a casi tres mil empleados en su municipio. ¿Quién puede competirle?

Los Agúndez podrán darse el lujo de predominar tanto en el Partido Verde, como en el PRD.

Si hubo quienes creían que en la reunión del Comité Político se expulsaría del PRD a Narciso y a quienes lo han acompañado en sus reuniones con el PVEM, se equivocaron. El punto ni siquiera estuvo en el orden del día, e, incluso, las alusiones a él se evitaron, hasta donde se pudo, fundamentalmente, parece, debido a que Antonio Agúndez dijo a Jesús Zambrano que él permanecería en las filas del perredismo.

El que el edil cabeño declare que permanecerá en las filas del PRD, no es sino una muestra de que su grupo ha decidido emplear una política realmente agresiva en lo que se refiere al extenso espectro político que desean mantener bajo su dominio. El control de ambos partidos dará a Narciso mayores posibilidades de maniobra y negociación para la obtención de una candidatura federal en 2012, y, con ella, el preciadísimo fuero, el que nunca se sabe cuando se necesite.

La extrema debilidad a la que Agúndez llevó al PRD, le da, contradictoriamente, la posibilidad de seguir controlándolo bajo la dirección de su hermano Antonio y de la operación de Adrián Chávez Ruiz.

Personalmente no creo que Rosa Delia Cota y René Núñez no tengan alguna afinidad con el grupo cabeño, no solo por su innegable origen sureño sino, más bien, por el reconocido papel, como coordinadora real de la campaña de Agúndez, que la primera jugó en 2005, y por el origen político de Núñez Cosío, así como por su desempeño como responsable general del perredismo en el proceso electoral de 2011, a favor, finalmente, de Luis Armando Díaz. Aunque debo decir, también, que no tengo ningún dato que me haga suponer que busquen acercamientos al PRI o al PVEM, como ahora los promueve NAM.

Por otra parte, Víctor Castro Cosío y Omar Castro Cota, prominentes aliados recientes de Narciso Agúndez, y dirigentes reales de la Red 7 de Febrero, no han manifestado su posición política después de que NAM hizo pública su relación con el PVEM, así que es muy difícil saber cuál será el papel que ellos desempeñarán en la estrategia de Agúndez al interior del PRD. Es sintomático que la corriente encabezada por ellos, en este pleno no haya dado muestras de cual vaya a ser de ahora en adelante su orientación política.

El único grupo perredista, conformado como tal, que actualmente se ha manifestado expresamente como opositor a la actual estrategia de Narciso por mantener el control del PRD, es el grupo IDN, liderado en BCS por Ricardo Gerardo Higuera.

Con esta descripción de los grupos mayoritarios que hasta hace poco conformaban el PRD, es fácil entender que la reunión del Comité Político que tuvo lugar este sábado haya sido dominada visiblemente por los agundistas comandados por Adrián Chávez Y Jesús Zambrano.

No es extraño entonces que la resolución política que este sábado se discutió en el Comité sea un verdadero galimatías, un análisis sin pies ni cabeza, que pareciera, más bien, que tratara de ocultar las verdaderas causas y reponsables de la debacle electoral del 6 de febrero, antes que encontrarlos. El documento hace un extenso listado con elementos "multifactoriales" que Adrián Chavez considera fundamentales para comprender la derrota perredista. Y de la misma manera en que las causas fundamentales de la derrota no son para Chavez las prácticas de gobierno ni las estrategias del partido, así,los responsables principales no fueron, tampoco, ni Agúndez, el mismo Adrián Chávez ni Jesús Ortega, sino un inmenso ejército al que por sus dimensiones, afortunadamente, a cada inculpado, no le toca, o no nos toca, más que una minúscula parte de responsabilidad.

Según el documento de Adrián Chávez, complementado con una exposición de cerca de 40 minutos, los responsables fuimos casi todos los perredistas de esta vida: Leonel y sus mitotes, Narciso y sus omisiones, AMLO y su silencio, Marcelo Ebrard y su ausencia, las otras figuras perredistas nacionales y sus ocupaciones, la dirigencia nacional y su falta de apoyo financiero, las dirigencias estatales y su complacencia con Narciso, los diputados locales y su falta de entrega a los principios perredistas, los militantes y su postura acrítica, el PRI y su dinero, Peña Nieto y su copete, Marcos y su traición y muchos, muchos etcéteras más. La resolución presentada es un documento verdaderamente encantador. Y todavía se pidió a los asistentes que si se acordaban de otros culpables y otras causas, el miércoles podrían aún incorporarse al documento, en una reunión a la que se convocaría con este propósito exprofeso.

El documento presentado a discusión, sin embargo, sí manifiesta una claridad extraordinaria al declarar sin ambages de ninguna naturaleza, que "El PRI debe ser visto como el principal adversario del PRD". Ésta no es una aseveración trivial. Sobre todo si se considera que a nivel nacional está gobernando actualmente Acción Nacional con una política que grandes sectores de la población la acusan de criminal; si a nivel estatal está gobernando el mismo partido, y si en BCS se ha extendido la percepción de que Narciso Agúndez y el PRD acordaron con Calderón y la jerarquía panista la transición sudcaliforniana a favor del PAN con Marcos Covarrubias a la cabeza.

lunes, 6 de junio de 2011

La torta que el Marquitos traía bajo el brazo

Casi al fin de la campaña electoral reciente, nació el Marquitos, varón primogénito de Marcos Covarrubias Villaseñor. Según éste, su hijo traía una gran torta bajo el brazo. Así lo decía, con orgullo y satisfacción, en los actos electorales multitudinarios, dando a entender con ello que su hijo le traería suerte en los resultados electorales del 6 de febrero. Y así fue. Marcos Covarrubias ganó la elección con un margen muy considerable. Hoy puede decirse que efectivamente el Marquitos traía una torta bajo el brazo, para él y su familia. Para los trabajadores más pobres del gobierno del Estado, solo trajo desempleo, desilusión y desesperanza.

Si en la contienda electoral pasada hubo una campaña que usó indiscriminadamente imágenes impregnadas con fuertes dosis de sentimentalismo, esa fue la de Marcos Covarrubias Villaseñor. No hubo un solo día en que esos efluvios discursivos, aparentemente provenientes de una naturaleza humana excepcional, no vibraran en las plazas públicas y ablandaran hasta los corazones más reacios a creer en las promesas de campaña de políticos y de políticas.

No recuerdo que en BCS se hayan usado tan intensamente figuras retóricas que intentaran tocar las fibras más sensibles de los rudos sudcalifornianos, como la del hermano fallecido, casi leyenda; la del hijo por nacer, promesa sagrada, y la del inmigrante agradecido, redentor de los residentes centenarios.

El incesante uso en campaña de figuras como las del nacimiento, la muerte y la inmigración, me provocaban sospecha. Y un sordo malestar se apoderó de mí a lo largo de la contienda. Un malestar tanto más ingrato, cuánto más difícil me resultaba explicarlo.

¿Cómo poner en entredicho lo que parecía ser el juramento de buscar el bienestar de los sudcalifornianos en nombre de lo más sagrado?

Pero los discursos dichos “con el corazón en la mano” y los afectos reiterados “de todo corazón”, acabaron justo con la conclusión del proceso electoral.

Hoy, los empleados más pobres de la burocracia, los de más bajos ingresos, lo que no pertenecen a ninguna organización gremial, los que no tienen padrinos que los recomienden o protejan, siguen siendo agredidos, hostigados, despedidos.

Los procedimientos más viles están siendo utilizados para lograr que cientos de empleados dejen de formar parte de la plantilla laboral del gobierno del Estado. La primer parte de la estrategia que los funcionarios de más altos ingresos han ideado para abaratar el despido de los trabajadores, es quitarles todo tipo de compensaciones y prestaciones, para que obligados por el raquítico ingreso que les quede, renuncien.

Pero si aún con un salario disminuido no renuncian, tiene lugar, entonces, la segunda parte del plan que consiste en tratarlos como a bultos. Una vez que la materia de trabajo ha sido aprendida por los nuevos empleados, a los candidatos a ser despedidos le son retirados los muebles, el equipo, los implementos de trabajo, hasta dejarlos vergonzosamente en la más absoluta inactividad, para orillarlos así, si es posible, al abandono del empleo.

Pero cuando ni la disminución del ingreso ni el trato humillante hace que los trabajadores renuncien, los nuevos gobernantes, tal vez con el corazón compungido, tal vez sin ningún dolor, simplemente los despiden. La torta que el Marquitos traía bajo el brazo, no era para compartirla con ellos.

Y mientras tanto, los muy altos funcionarios del antiguo régimen, aquellos que más sevéramente fueron criticados por corruptos, displicentes o ineficientes, continúan en los mismos puestos, en otros de más alto nivel o, al menos, en uno de igual jerarquía o similar ingreso.

Según vemos, para ellos sí, el Marquitos ha traído, como textualmente dijo el Gran Marcos en su inicio de campaña, “una pinche tortota, bajo el brazo”.