viernes, 14 de diciembre de 2012

¿Qué hay detrás de la liberación de Narciso Agúndez?

La liberación de Narciso Agúndez Montaño  nos recuerda que el asunto de los 50 o 70 millones de pesos relacionado con el manejo fraudulento de un recurso proveniente de la venta de predios de Cabo San Lucas, es un verdadero juego de niños comparado con lo que realmente sucedió en materia financiera en el sexenio anterior.

Lo que la liberación de Agúndez Montaño revela es que se cierra el capítulo de la investigación financiera del sexenio anterior y evidencia que nadie será  ya molestado ni juzgado por la pérdida de más de 844 millones de pesos de patrimonio gubernamental que tuvo lugar en los dos últimos años de gobierno de NAM, en el que estuvieron implicados funcionarios de primer orden del actual gobierno panista. Datos que pueden ser verificados en los  balances generales oficiales de 2008 y 2010 del gobierno estatal.

El patrimonio del gobierno de BCS,  en diciembre de 2008, era superior a los 588 millones de pesos; en diciembre de 2010 era negativo en más de 256 millones. Por tanto, en esos dos últimos años, se perdieron más de 844 millones. Y en ese periodo el secretario de finanzas de Agúndez era el mismo que hoy lo es con Marcos Covarrubias Villaseñor: José Antonio Ramírez Gómez, de quien desde hoy se dice que desea ser el próximo gobernador de BCS, y de quien ya se rumora que tendrá el apoyo de casi todos los actuales dirigentes de los partidos denominados de izquierda.

Esa es la verdadera tragedia financiera que se vivió en el gobierno de Narciso Agúndez Montaño, de la que el actual gobierno guarda, seguramente por el nombre de los implicados, el más absoluto silencio.

lunes, 10 de diciembre de 2012

¿Quién no reconoce como presidente de México a EPN?


Yo sí reconozco que Enrique Peña Nieto es el presidente de México.

¡Cómo no reconocerlo, si lo vimos haciéndose del poder  comprando públicamente a mexicanos sus trocitos de país, con monederos Mónex o de cualquier otro nombre, a cien, a quinientos  o a mil pesos: a como se dejaran los marchantes!  

¡Cómo no reconocerlo, si nosotros vimos  que las autoridades del IFE encontraron limpísimas esas elecciones a pesar de que  miles de videograbaciones circularon en el país mostrando el uso de las tarjetas Soriana  que  los mexicanos que vendieron su pedacito de país, desesperadamente deseaban gastar una vez que esa vergüenza  fue descubierta! 

¡Cómo no reconocerlo, si las autoridades del IFE le dieron el triunfo cuando los procesos legales,  relacionados con el lavado de dinero, estaban  a mucha distancia, aún, de tener resoluciones judiciales!

!Cómo no reconocerlo, si al IFE y  a las autoridades judiciales mexicanas no les pareció extraño que  un operador político directo y muy cercano a Peña Nieto fuera  el que dirigía la empresa que compraba los monederos y  que compartía, por lo menos, el mismo domicilio con otra docena de empresas relacionadas con las tarjetas Monex!

¡Cómo no reconocerlo, si a perredistas y panistas de sobrada inteligencia y malicia política no les parecía un delito muy grave que la presidencia pudiera ser comprada, barata, a causa del hambre, y cara, a causa de la desvergüenza de los liderazgos de los partidos! 

¡Cómo no reconocerlo, si mexicanos a quienes nosotros conocemos como personas inteligentes y honradas -sólo para pasar por ciudadanos prudentes  y de buenas maneras - prefirieron guardar silencio y olvidar esa  vergüenza nacional, eludiendo, incluso, hablar del tema, como regularmente se hace con los asuntos criminales!  

¡Y también reconozco que Jesús Zambrano, dirigente del PRD, palero público de EPN, es una de las peores lacras del sistema político mexicano, cuyo servilismo al propietario de la presidencia de México  sirve para mostrar el fraude como un triunfo electoral legítimo y para ofrecerse él mismo como ejemplo de lo que debe ser una izquierda moderna!

sábado, 8 de diciembre de 2012

EL RUISEÑOR Y LA ROSA: (FRAGMENTO: OSCAR WILDE)

-Dijo que bailaría conmigo si le llevaba una rosa roja -se lamentaba el joven estudiante-, pero no hay una sola rosa roja en todo mi jardín.

Desde su nido en la encina, le oyó el ruiseñor, y miró asombrado por entre las hojas.

-¡No hay ni una rosa roja en todo mi jardín! –repetía el estudiante, y sus bellos ojos se llenaban de lágrimas

                                                                              -0-

-Sé feliz -le gritó el ruiseñor-, sé feliz; tendrás tu rosa roja. Te la haré con música a la luz de la luna y la teñiré con la sangre de mi corazón. Lo único que te pido, en pago, es que seas un sincero enamorado, porque el amor es más sabio que la filosofía, por más que ésta lo sea, y más fuerte que el poder, por poderoso que éste sea. Sus alas son color de fuego y del color del fuego es su cuerpo. Sus labios son dulces como la miel y su aliento es como el incienso.

 El estudiante levantó la cabeza del césped y escuchó; pero no pudo comprender lo que el ruiseñor le decía, porque él sólo sabía las cosas que están escritas en los libros.

 Pero el roble si comprendió y se puso triste, porque amaba mucho al ruiseñor que había construido su nido en sus ramas. -Cántame la última canción- le pidió en un murmullo. ¡Me quedaré tan triste cuando te vayas! Y el ruiseñor cantó para el roble, y su voz era como el agua clara al caer en una jarra de plata.

 Cuando hubo terminado la canción, el estudiante se puso en pie y sacó del bolsillo un cuaderno y un lápiz.
Y se encerró en su habitación, echándose sobre su camastro y se puso a pensar en su adorada; al poco rato se quedo dormido.

 Y cuando la luna brilló en los cielos, el ruiseñor voló al rosal y colocó su pecho contra las espinas. Y cantó toda la noche con el pecho clavado sobre las espinas, y la fría luna de cristal se inclinó para escucharle. Y cantó toda la noche, y las espinas fueron hundiéndose cada vez más en su pecho, y la sangre de su vida escapaba de sus venas...

 Cantó primero el nacimiento del amor en el corazón de un joven y de una niña, y sobre la rama más alta del rosal floreció una rosa maravillosa, pétalo tras pétalo, canción tras canción.

 Primero era una rosa pálida como la bruma que flota sobre el río, pálida como los pies de la mañana y plateada como las alas de la aurora. Pálida como la sombra de una rosa en un espejo de plata, como la sombra de la rosa en una laguna. Así fue la rosa que floreció en el brote más alto del rosal.

 Pero el rosal gritó al ruiseñor que se apretase más contra las espinas. -Apriétate más, ruiseñorcito –rogó el rosal-, o llegará el día antes de que la rosa esté terminada.

 Entonces el ruiseñor se apretó más contra las espinas y su canción se hizo más y más fuerte porque cantaba el nacimiento de la pasión en el alma de un hombre y una mujer. Y un delicado rubor apareció sobre los pétalos de la rosa, lo mismo que enrojece la cara de un enamorado que besa los labios de su prometida.

Pero las espinas no habían llegado aún al corazón del ruiseñor; por eso el corazón de la rosa seguía blanco: porque sólo la sangre de un ruiseñor puede colorear el corazón de una rosa.

Y el rosal suplicó al ruiseñor que se apretase más contra las espinas. -Apriétate más, pequeño ruiseñor -le decía-, o llegará el día antes de que la rosa esté terminada.

 Entonces el ruiseñor se apretó más contra las espinas y éstas llegaron a su corazón y una desgarradora punzada de dolor le hizo estremecerse. Agudo y amargo era su dolor, y su canción se hizo más y más salvaje, porque cantó por el amor sublimizado por la muerte, sobre el amor que no muere en la tumba.

 Y la rosa maravillosa se hizo roja como las rosas de Bengala. Purpúreo era el color de los pétalos y purpúreo como un rubí era su corazón. Pero la voz del ruiseñor desfalleció y sus menudas alas palpitaron, y un velo cubrió sus ojos. Más y más débil se hizo su canción y sintió que algo anudaba su garganta.

Entonces exhaló su último canto. La blanca luna le oyó y olvidándose de la aurora se detuvo en el cielo.

 La rosa roja le oyó; tembló toda ella de arrobamiento y abrió sus pétalos al aire frío del alba.

 El eco le condujo hacia su caverna purpúrea de las colinas, despertando de sus sueños a los rebaños dormidos.

 El canto flotó entre los cañaverales del río, que llevaron su mensaje al mar. -Mira, mira -gritó el rosal-, ya está terminada la rosa. Pero el ruiseñor no contestó porque estaba muerto sobre la hierba con las espinas clavadas en su corazón. 

A medio día el estudiante abrió su ventana y miró. -¡Vaya que suerte la mía! –exclamó- ¡Hay una rosa roja!